23.5.12

TERROR 04.- Regalo de iniciación, Liliana Savoia (Argentina)

Ese jueves 19 de abril,  sigue siendo, para mí, un recuerdo imborrable, sobrevive  tan claro como si fuera ayer, o mejor aún, como si fuera hoy. Los acontecimientos que ocurrieron anterior y posteriormente  generaron en mí un análisis que mejor nunca hubiera hecho.
Faltaban quince minutos para las siete de la tarde, salíamos de la capilla como todos los días, habíamos terminado las vísperas, oración tan querida por la mayoría de mis hermanos que realizábamos diariamente a las seis en el oratorio del convento  como en todas las abadías  del mundo. Esa tarde unas horas antes, fray Horacio, me comentó de un libro antiguo que leyó sobre la mariposa negra, y su simbología relacionada con la muerte.

       Después de casi tres cuartos de hora salimos de la capilla directos al comedor, espacio no solo para  comer, sino conversar, reír, compartir, y de hecho cenar. Como era jueves la cena duró aproximadamente una hora. Luego tuvimos tres cuartos de hora para recrearnos, hacer tareas

Entré en mi celda, me lavé los dientes, me puse el pijama. Cumpliendo con la rutina tomé mi libro, eran alrededor de las diez.

El convento tiene dos edificios grandes: uno antiguo de madera, llamado  “el noviciado” , donde tienen sus celdas los novicios, la biblioteca antigua que guarda libros antiquísimos y la habitación del padre abad. En el otro de concreto, el seminario, donde se hallan las demás habitaciones, el comedor, la capilla, la cocina, y otros cuartos.

Mi habitación estaba en el edificio de madera, cerca del campanario, Los hermanos mayores, consagrados  sacerdotes,  como Edgar, Teodoro y Giorgio, contaban  historias sucedidas en esa antigua edificación.

Nuestro sacristán Juanito, un hombre sencillo e ingenuo, que realizaba la limpieza del templo mayor, me contó de la mujer del velo negro con un bebé en brazos que se aparecía en el campanario. Decía que ella, al bajar,  entraba en la única habitación vacía del noviciado que estaba frente a la de Juanito; él siempre terminaba su relato contando, que desde su cama, podía verla a través del orificio de la cerradura, sentada en su cama dándole de mamar a su bebé y levantando el rostro para mirarlo.

Cuando vi mi reloj eran ya las doce y diez de la noche, yo seguía leyendo, sin sueño aún. Apagué la lámpara y traté de dormir, pasaron como unos quince minutos de silencio y quietud, cuando escuche un murmullo de voces, sentí un escalofrío, era semejante al coro de los frailes cuando cantaban en la capilla, pero lo extraño era que a esa hora no había oración y haberla  me habrían avisado. Me levante dirigiéndome hacia la capilla, caminaba inquieto y tembloroso, no podía dejar de pensar en lo que encontrar. Al llegar, la  sorpresa latigó mi corazón, observé  que la capilla estaba llena, de un lado los frailes, del convento vecino, eran la rama femenina de la orden. Todos rezaban en latín con mucho fervor, como suplicando. Sin embargo,  mayor aún fue mi asombro al ver que no estaba el sagrario dorado de siempre, sino colocado  en el extremo lateral izquierdo. Descansando sobre un pedestal de madera una urna marrón, barnizada, desconocida; una de las religiosas se dirigió hacia allí, abrió su puertecilla y sacó un pequeño copón dorado repleto  de ostias, lo puso en el altar central. Todos se arrodillaron, yo congelado por la extrañeza del acontecimiento, también me arrodillé. “Oramus et Dominus nostrum”, se escuchaba a coro, yo no entendía nada, miraba hacia todas partes, todos tenían las capuchas colocadas sobre sus cabezas,   leían un librito que yo no tenia, que desconocía. El ambiente era de sacro temor, estaba seguro que algo sucedía. Nadie voltio a mirarme, ¿Qué pasa Señor, atiné a preguntarme? Era lo único que pensaba. ¿Que pasa, Señor? ¿Qué pasa?

En eso, abrió la puerta de la capilla, nuestro padre Juan, el abad, con su imponente hábito blanco humo, agitado.

¡Horacio! Me llamó con voz potente pero baja ¡ven conmigo!, Salí de inmediato y me encontré con otro grupo de frailes que lo acompañaban, sin tiempo de preguntar nada, me empujaron en dirección a la cocina que daba al comedor y a la entrada del noviciado. Era una especie de portal que dividía los dos edificios, por un lado el comedor y por el otro una salita; mientras caminábamos un hermano me puso la capa del hábito, otro una guitarra en la mano  diciéndome en voz baja ¡Sol y Re, Sol y Re! Cuando llegué a la puerta de la cocina vi que también estaba el hermano Edgard en las mismas condiciones que yo, también con una guitarra, sus dedos variaban las notas sol-  re, sol – re.

              La salita que colindaba con el comedor era de tipo colonial barroco, en ella se recibía a los familiares de los frailes que esporádicamente venían de visita, tenia por un lado, el que daba a la pared, dos sillones rojos de terciopelo y por el otro lado la salita en si, con una mesita de centro y siete sillas. Contra la pared una antigua radiola que ya nadie usaba. Cuando me asome por el portal mi sangre se congeló, vi que había una cortina que dividía en dos a la salita justo por la mitad. Al otro lado de la cortina se traslucía la figura de una mujer, desnuda,  de frondosa cabellera, danzando, en medio de otras figuras que parecían estar detrás de ella, como en una orgia oscura, tenebrosa y diabólica. Sentí un frío desgarrador recorrer mi cuerpo y estacionarse en mis manos, me dolían. Edgard y yo nos miramos, vimos nuestros rostros pálidos casi amarillos, los labios blancos, supimos que debíamos que entrar para escondernos detrás de  los sillones rojos, utilizarlos como trincheras, hacerle frente a esa oscura figura femenina que había conmocionado el convento y que tenia a los frailes y  monjas orando y llorando en la capilla. Cerramos los ojos y nos encomendamos al bien, a la fuerza del amor que nos había llevado a encerrar nuestras vidas en un monasterio. Éramos mitad monjes mitad soldados, había llegado el momento de demostrarlo, cada uno con su guitarra como si fuera un rifle. Yo no podía abrir los ojos, no podía relajar los dedos helados de mis manos; el aire era rancio, denso, la luz se había tornado  rojiza,  el tiempo se había convertido en un eterno presente.

Traté de concentrarme, de recordar las sacras notas del Réquiem de Mozart que había escuchado durante el día, me asomé por el respaldo del sillón y comprobé que la mujer aún estaba allí, bailando y al padre abad, arrodillado, casi en el portal de la salita con sus manos juntas a la altura del pecho, sus dedos entrecruzados, sus ojos cerrados y su cabeza inclinada, ¡Sol y Re! ¡Sol y Re! Escuchaba que repetía frenéticamente. Miré a Edgar. Él recibió mi  mirada con estupor, nos arrodillamos, comenzamos a tocar,  nunca antes, tres rasgueos para cada nota comenzando por Sol, las guitarras no se escuchaban.

 ¿Qué es esto, me pregunté? ¿Qué sucede? El frío del miedo se iba alejando por el calor del esfuerzo, seguíamos tocando. A la tercera secuencia de notas retumbó todo el lugar, fue un grito ensordecedor que contenía otros gritos en su interior. La mujer ya no danzaba si no que se retorcía, sus manos querían arrancarse el cabello, me di cuenta, por lo gritos que emitía, que sentía dolor, mucho dolor, que las notas que tocábamos, aunque no las escucháramos, la herían. Escondido detrás de mi trinchera, empecé a sentir un poco de confianza, de alguna manera supe que no podía exponerme a su mirada, que eso sí sería mi fin y no me expuse, seguí tocando las notas del silencio. La luz rojiza comenzó a disiparse y poco a poco fue subiendo el volumen de la guitarra, los gritos se volvieron más tenebrosos y escalofriantes, podía sentir su furia y su olor, una mezcla entre amoniaco, cloro y propano. Volví a mirar, la cortina se acercaba con lentitud hacia nosotros, los gritos y las voces eran cada vez más amenazantes, la guitarra otra vez muda. Los gritos llegaron a un nivel insoportable, sentía que entraban en mi alma a través de los oídos, Edgard estaba convulsionando, con los ojos en blanco, vomitaba sobre  la guitarra, la cortina avanzaba, me iban a devorar, el fin era inminente, ya no tenía fuerzas para continuar. Mis manos se debatían entre taparme las orejas o seguir tocando, ¡Señor! ¡Dios mío! ven en mi auxilio. Supliqué
           No recuerdo más detalles, sólo que desperté. Ya no estaba acostado sobre mi almohada, sino  sobre  el almohadón de plumas que me regaló nuestro Padre Abad, la noche anterior, el 18 de abril, en conmemoración de los diez años de mi iniciación. Me hallaba  en la capilla, todos los hermanos se acercaban a un cajón, depositaban una flor sobre mi cuerpo. Una guitarra sonaba al son de ¡Sol y Re! ¡Sol y Re! ¡Sol y Re!

21.2.12

Finalistas del Premio Rara Avis

La organización del III Premio Rara Avis de Ensayo ha escogido los 7 textos de entre los que saldrán el ganador y el finalista del concurso. Esta selección se ha llevado a cabo entre 99 obras recibidas de 20 países.
Los textos seleccionados son, por orden de recepción:
• Las palabras son puentes
• Los cartones para tapices de Goya
• Aproximación a la obra de Cortázar
• El Perú escindido. Antagonismo estético e ideológico entre Vargas Llosa y Arguedas
• Revisitando clásicos de Iberoamérica
• El fraude nacionalista
• El ajedrez humano
La organización del III Premio Rara Avis de Ensayo ha recibido 99 obras, procedentes de 20 países. Esta es la distribución:
50 obras de España
9 de México y Argentina
5 de Cuba, Colombia, Venezuela
2 de Uruguay, EEUU
1 de Portugal, Bolivia, Canadá, Holanda, Rumanía, Nicaragua, Rusia, Puerto Rico,
Taiwán, Guatemala, Chile, Alemania

10.2.12

“Siete paraguas al sol”, de Manuel Cortés Blanco, obra ganadora del VI Premio de Novela Ciudad Ducal de Loeches

Los 2 autores finalistas son Carlos García Miranda (Perú) y Sergio Gaut Vel Artman (Argentina)
“Siete paraguas al sol”, obras del autor zaragozano Manuel Cortés Blanco ha sido designada como ganadora del VI Premio Nacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches Las dos obras finalistas son “El juego del tiempo”, del escritor argentino Sergio Gaul Ven Artman y “La fuga de los lagartos”, del peruano Carlos García Miranda.

La obra ganadora: “Siete paraguas al sol” trata de siete hermanas y siete ciudades repartidas por todo el mundo. Seis de las hermanas huyeron de su pueblo a la muerte del padre y seguimos sus historias a lo largo de ciudades como Kabul, Nueva York, Frankfurt, Madrid, Buenos Aires, Kigali y Bagdad, y vivimos dramas personales como los que sufrieron los desaparecidos en las dictaduras y sus familiares, el odio interétnico, la emigración forzosa, la guerra por petróleo o la soledad. Pero debe llegar el momento del reencuentro y la reflexión sobre lo vivido.

El autor: Manuel Cortés Blanco es médico, especialista en drogodependencias y ha ejercido profesionalmente en medio de guerras y catástrofes naturales. De su experiencia profesional nacen varias de estas historias. Es “Premio Nacional Ulysses a la Investigación” por su labor científica. Nacido en Zaragoza, en los últimos años vive en León. Ha publicado los libros “El amor azul marino”, premio Amares de Relato, “Cartas para un país sin magia” y “Mi planeta de chocolate”, finalista del Premio Internacional Vivendia de relatos. Ha participado junto a diversos maestros del relato breve en las antologías: “Microantología del Microrrelato II” y “Microantología del Microrrelato III”. Manuel Cortés Blanco se une en el palmarés de este premio a destacados autores como Francisco Nieva, Antonio Gómez Rufo, Carmen Matutes, Pedro Antonio Curto y Antonio López Alonso.


Los autores finalistas:


Sergio Gaut Vel Artman: Nacido en Buenos Aires en 1947. Entre su amplia obra cabe mencionar publicaciones como “Cuerpos Descartables”, “Carne verdadera” (novela corta), Espejos en fuga y “Vuelos”. Ha publicado los ensayos. “Las Cruzadas”, “El universo de la ciencia ficción”, “Grandes batallas de la historia”, “Bicentenario 1810-2010. Los pensamientos que hicieron la historia” y “Escriba sin errores”, entre otros. Es compilador de más de diez antologías de relatos, entre las que cabe mencionar “Ficciones en diez tiempos”, “Grageas, más de 100 cuentos breves hispanoamericanos” y “Los universos vislumbrados 2”, entre otras


Carlos García Miranda: Nacido en Lima en 1967. Es editor y docente universitario en la Universidad Nacional Mayor de san Marcos de Lima. Hizo su debut literario ganando el Primer premio en los Juegos Florales Interuniversitarios de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con su libro de Posteriormente, fue finalista en el Premio de Novela de la Universidad Nacional Federico Villarreal con su novela “Las puertas”. Ha publicó el libro de ensayos “Utopía negra. Identidad y Representación culturalea en la narrativa negrista de Antonio Gálvez Ronceros”. Ha participado en diversas antologías de relatos. Fue ganador del IV Premio Sexto Continente (Exterior de España) de Relato Negro, y ganador del Primer Premio en el Primer Concurso Iberoamericano de Cuento sobre la Discriminación, entre otras distinciones.



Entre las 194 novelas recibidas, procedentes de 23 países, también fueron elegidas para la selección de ganador y finalistas, las obras
• Cumbres tormentosas, de Carlos Rodriguez Gesualdi (Argentina)
• Se secarán las lágrimas, de Aurelia María Romero Coloma (España)
• Caminos del aire, de Luis Tamargo, (España)


La distribución de obras recibidas por países es:España, 102 novelas
Argentina, 17
Perú, 10
Colombia 8
7 de Venezuela, Cuba y México
6 de EEUU
5 de Alemania
4 de Bolivia
Y se han recibido novelas además de los siguientes países.
Holanda, Uruguay, Nicaragua, Suecia, Brasil, Panamá, Suiza, Italia, Francia, Chile, Portugal, República Dominicana y Ecuador.

9.1.12

La balada de Eleonora Aguirre, de Santiago García Tirado, ganadora del IV Premio Irreverentes de Novela

La novela de corte vanguardista, cuya acción transcurre en México, "La balada de Eleonora Aguirre", del escritor de Linares afincado en Elche Santiago García Tirado, es la ganadora del IV Premio Irreverentes de Novela por "su cuidado tratamiento del lenguaje, su capacidad de creación de ambientes y por tener una clara pretensión de modernidad, logrando una novela fresca y a la vanguardia con materiales que podían inducir a pensar en una novela tradicional" en palabras del jurado, presidido por el escritor Miguel Ángel de Rus.

Los finalistas del IV Premio Irreverentes de novela han sido:
• Rafael R. Costa (Huelva),
por "El cráneo de Balboa"
• Carmelo Anaya (Almería), por ORDO DEI (Perdedores anónimos)

El jurado ha destacado "la voluntad generalizada entre los participantes de escribir y presentar obras alejadas de la comercialidad ramplona y de los géneros de moda, presentándose en una gran proporción novelas que buscan hacer 'gran literatura' en unos casos con menos y en otros con más éxito. Esta apuesta por el mundo interior, por el entorno propio, por alejarse de los géneros, ha llenado de satisfacción al jurado".
Se han presentado 145 novelas de 23 países al IV Premio Irreverentes de Novela. Los textos presentados debían ser novelas originales e inéditas de al menos 225 páginas.
Los autores:
Santiago García Tirado ha publicado hasta el momento la novela “Un preso que hablaba de Stanislavski” y el libro de relatos “Todas las tardes café”.
Rafael R. Costa quedó entre los 10 finalistas con esta misma novela en el LVI Premio Planeta. Ha publicado “El caracol de Byron, (Premio Irún de Novela), “El coleccionista”, “El libro de Isabel”, el poemario “Poemas Atlánticos” (Premio Pablo Neruda) y “El lupanar”
Carmelo Anaya ha publicado las novelas “Frío Invierno en Baria”, “Baria city Blues”, “Una parte de mí” y “Tiempo Cero”.

3.6.11

Pequeñas grandes editoriales, Francisco Nieva en La Razón


Las pequeñas editoriales me admiran, me conmueven. Quienes las fundan son siempre muy interesantes personas, lectores fervientes, eruditos autodidactas, bibliómanos, soñadores, entusiastas… Cuando algunas veces me he topado con un tipo así, se ha convertido en mi amigo al instante. No es fácil encontrarse con un particular que sea, en el fondo, tan brillante y que sepa de libros más que yo mismo. Al enterarme que mantienen con grandes equilibrios una pequeña editorial, me entusiasmo y me voy por los cerros de Úbeda. Les hablo de libros curiosos y antiguos con ánimo de descubrirles algo, pero ya los conocen; de géneros para especialistas o para el público más profano, y también los han tenido ya muy en cuenta. Son como una enciclopedia del editorialismo, finos sociólogos y finos estetas. Entienden de publicidad y diseño y ellos son «toda una empresa», llevan dentro un equipo de profesionales en artes gráficas. Hablar de libros y de arte con un hombre así es para mí como una fiesta.
Cuando yo me topé con el valiente y esforzado creador de Ediciones irreverentes, Miguel Ángel de Rus, me dije por dentro: «Este es mi hermano, este sueña, divaga, se emociona y se exalta como yo». Aunque no fuera el suyo, el mejor amigo que pudiera tener un escritor es un editor, lo mismo si es uno que comienza o es el dueño de un imperio. Ayudarle siempre le ayudará, aunque sea con sólo media hora de íntima conversación. Esto me ocurría con Jacobo Siruela. Lástima que mis trabajos en la escena me alejaran de él. Pero otros aparecieron, como Ernesto Santaolalla (Editorial Ikusager), de Vitoria, que había redescubierto al más insigne, pero desconocido, ilustrador español, el cual le había dado un giro estilístico a la ilustración gráfica en el mundo, desde la americana, sobre piratas o sobre la gesta del Oeste: Daniel Urrabieta Vierge. «El padre de la ilustración moderna» le llamó Víctor Hugo. No hay como encontrarse con pequeñas editoriales para calibrar el regalo espléndido que ellas suponen para la cultura.
Francisco Nieva

Gracias, Paco, cuando me muera presumiré ante San Pedro que edité tu novela más grandiosa "La mutación del primo mentiroso", la única obra creada en español que puede tutearse con las mejores de Potocki, Choderlos de Laclos, Villiers, Proust, Dumas, etc. Muchas gracias.

2.6.11

Historias de la calle Cádiz, de Joaquín Leguina

Joaquín Leguina es el mejor representante del político intelectual que acaba dedicándose también a la escritura, lo hace bien estética y temáticamente y, además, aglutina en torno a su obra literaria a un público lector fiel.

El proceso de gestación de Historias de la calle Cádiz surgió a principios de 1980. El elemento que da unidad a la obra es el edificio de la calle Cádiz, número 20, de Santander, en el cual transcurren casi todas las historias relatadas y que representa el punto de partida o de encuentro de una serie de personajes reconocibles y que nos transmiten historias más o menos verídicas con una poderosa carga formativa. Desde la calle Cádiz vivimos la historia real del naufragio del Cabo Machichaco en noviembre de 1893 frente a la bahía de Santander, vivimos el fuego que asoló Santander, el primer encuentro con el sexo de los muchachos de comienzos del S.xx, historias de la guerra civil, e incluso relatos que buscan en nuestro futuro, una vez decepcionados de todo, quizá en algún tranquilo balneario.
Ediciones Irreverentes recupera fielmente el proyecto original que vio la luz en 1985 y los grandes temas en los se que agrupa el conjunto de relatos que nos presenta Joaquín Leguina. Hay reflexiones histórico-políticas, descripciones costumbristas y relatos con un tono íntimo y autobiográfico, sin olvidar la dicotomía amor-desamor. En Historias de la calle Cádiz no falta el recuerdo al golpe de Estado de los militares chilenos contra Salvador Allende, un momento histórico que Leguina tuvo que vivir muy de cerca y que describe de un modo magistral.
Joaquín Leguina (Villaescusa, Cantabria, 1941) Es autor de una extensa y valiosa obra narrativa en la que destacan títulos como "La luz crepuscular"," La fiesta de los locos", "Tu nombre envenena mis sueño"s, "La tierra más hermosa", "Cuernos retorcidos" —su primer gran éxito en Ediciones Irreverentes— y Por encima de toda sospecha. Su obra ensayística cuenta con títulos como "Conocer gente: Recuerdos casi políticos", "Ramón Franco; el hermano olvidado del dictador", "El Chile de la unidad popular, 1970-1937",y"Malvadas y virtuosas: retratos de mujeres inquietantes". Joaquín Leguina ha sido doce años Presidente de la comunidad de Madrid y diputado desde 1996 hasta 2008.
15 euros - 136 páginas

ISBN: 978-84-96959- 72-9
http://www.edicionesirreverentes.com/narrativa/LeguinaCadiz.html

12.3.11

Hiroshima, Truman, de Ediciones Irreverentes, en portada de El País

EL DESASTRE ATÓMICO DE JAPÓN -EDICIONES IRREVERENTES CON EL PUEBLO DE JAPÓN

Ediciones Irreverentes hace un homenaje a quienes perecieron por la brutalidad humana en los dos actos criminales más importantes de la historia: Hiroshima y Nagasaki. Más de 200.000 muertos en el acto, más de medio millón de muertes lentas, causadas por el lanzamiento de las bombas atómicas norteamericanas, bien merecen una reflexión desde la literatura.
Hiroshima sufrió el primer bombardeo atómico de la historia el 6 de agosto de 1945. La bomba fue lanzada por el bombardero estadounidense Enola Gay, bajo las órdenes del presidente Harry Truman. Este acto bélico que pretendía la rendición rápida e incondicional de Japón a los EEUU, produjo la muerte instantánea de más 120.000 personas, en su casi totalidad civiles, y dejó heridas a más de 300.000, que en su mayoría presentaban variaciones y mutaciones genéticas debido a la radiación a la que fueron sometidos. El drama persiste hasta nuestros días en la población japonesa y en la conciencia norteamericana. Las vibraciones de aquel asesinato colectivo, siguen haciendo temblar a las personas que mantienen la dignidad.
El 9 de agosto de 1945 lanzó sobre Nagasaki la segunda bomba atómica, más potente que la de Hiroshima, el bombardero yanqui Bockscar. Arrasó la mitad de la ciudad al caer a un costado del valle de Urakami. Más de 75.000 habitantes fueron asesinados y resultó herida casi la totalidad del resto de la población. Se incendiaron las estructuras de acero de los edificios de hormigón. Desaparecieron los árboles. Los cuerpos humanos quedaron instantáneamente calcinados, durante décadas los vivos iban sintiendo progresivas deformaciones y muriendo de cáncer. Ningún acto de guerra tan criminal como el perpetrado por los Estados Unidos de América y por su presidente Truman. A pesar de ello, hay mentes enfermas que defienden el uso de las bombas atómicas.
Encabezados por los escritores uruguayos Jorge Majfud y Eduardo Galeano, un prestigioso grupo de escritores de España y América ha creado una selección de relatos que unen a su excelente calidad literaria la capacidad de mostrar la brutalidad humana para que llegue al lector de una forma nítida, de tal modo que ninguna publicidad imperialista pueda engañar al informado. Tras esta lectura no se podrá permanecer indiferente. Ediciones Irreverentes ha reunido escritores de España, Uruguay, Colombia, Chile y Honduras y ha seleccionado entre más de doscientos textos para ofrecer al lector los relatos aquí reunidos, testimonio de recuerdo eterno de los límites a los que el ser humano jamás deberá volver a llegar.
http://www.edicionesirreverentes.com/narrativa/Hiroshima.html

11.3.11

Ediciones Irreverentes publicará el libro ganador

Terminado el plazo de envío de originales para el II Premio de Libro de Relatos La vida es Bella

Se han recibido 159 originales de 20 países.

Desglose por países
España 98
Argentina 16
Cuba 9
Colombia 7
México 6
3 Perú, Francia, Uruguay, Venezuela
Alemania 2
1 Suecia, Noruega, Canadá, Guatemala, Honduras, Ecuador, Paraguay, Bolivia y Portugal
Los títulos finalistas se sabrán en el transcurso de la próxima semana.

Presentación de Microantología del microrrelato II

Horacio Vázquez-Rial, Miguel Angel de Rus y Carlos Augusto Casas han sido los escritores que han presentado esta mañana en un céntrico café madrileño el libro “Microantología del microrrelato II”, editado por Ediciones Irreverentes en su colección de Narrativa.
En este libro aparecen cuentos breves de autores españoles de primera fila, como: Fernando Savater, Luis Mateo Díez, Joaquín Leguina, Fernando Sánchez Dragó, José Luis Alonso de Santos, Manuel Hidalgo, Miguel Ángel de Rus, o Antonio Gómez Rufo; destacados autores hispanoamericanos del momento, como los argentinos Horacio Vázquez-Rial, Antonia Russo o Guido Finzi, el ecuatoriano Raúl Vallejo, los venezolanos Juan Martins y Félix Díaz, el peruano Fernando Morote, el mexicano Juan Patricio Lombera, el colombiano Nelson Verástegui, o el uruguayo Jorge Majfud. Participan destacados autores eslavos como Anatoly Kudryavitsky, Marina Vishnevetskaya y Roza Husnutdinova y los mejores escritores jóvenes españoles, como María Zaragoza, Raúl Hernández Garrido, Carlos Augusto Casas, Twwigy Hirota y Santiago Gª Tirado, entre otros. Junto a ellos, veinticinco autores clásicos, que aportan el contrapunto a la forma de entender el relato breve en nuestra época y en otros tiempos.
El escritor y editor responsable de esta compilación, Miguel Angel de Rus, afirmó que “Se está generando en los blogs un fenómeno de gran difusión del microrrelato. Internet es un lugar adecuado para textos que no pasan de las dos páginas, y varios de estos relatos los hemos seleccionado de blogueros conocidos. Hay muchísima gente que escribe, no encuentra editorial, y publica en Internet. En esta antología hemos elegido varios ejemplos de interés. Además hemos procurado profundizar en un proceso en el que llevamos trabajando hace casi dos años, ofrecer lo mejor de la narrativa hispanoamericana, aunque no sea conocida en España. En esta antología figuran diez autores hispanoamericanos actuales de siete países. Y aunque ha habido libertad a la hora de ofrecernos relatos hemos favorecidos la selección de relatos impactantes, satíricos, críticos, ácidos y divertidos; una literatura ligera de forma, pero contundente de fondo”.

Horacio Vázquez-Rial explicó el origen de su relato, “me planteo que hizo el marido de Madame Bovary después de la muerte de ella, porque Flaubert deja olvidado a Charles Bovary. Lo vemos yendo al cementerio, constatamos su desconsuelo, incluso descubrimos qué hizo la hija veinte años después. Es la segunda vez que escribo sobre ese momento que Flaubert no quiso desarrollar y que para mí siempre fue un enigma.”
La historia que relata Carlos Augusto Casas “está basada en un hecho real. Un amigo me contó que había visto en el metro de Madrid de noche a un hombre abrazado a un cadáver. He partido de esa imagen para crear un relato de serie negra, cercano al terror; y la limitación de espacio que me puso Miguel Ángel me resultó muy estimulante, porque tuve que comprimir en sólo tres páginas una idea que hubiera podido dar para una novela”.
Como afirma Vera Kukharava en el estudio introductorio del libro: “Hay escritores que dan vueltas en 800 páginas a una misma historia sin despertar emociones y otros en un relato breve, o en un microrrelato, nos hacen sentir, sobresaltarnos, emocionarnos. Estos últimos han sido cuidadosamente seleccionados para formar parte de la Microantrología del Microrrelato II. Como dijo David Lagmanovich los microrrelatos son «cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas que ponen a prueba nuestras maneras rutinarias de leer». No es de extrañar que nuestra vida cotidiana, con la rapidez del consumo, las modas y las tendencias en el arte hacia la búsqueda de lo conceptual y minimalista, preciso y contundente, lleve a los escritores a utilizar formas breves, compactas, y a los lectores a llenar sus aturdidos sentidos en escasos momentos de paz de esencias placenteras. Pero más allá del deseo de estar a la vanguardia lo que valoramos y lo que más nos impresiona en los microrrelatos es la brillantez en su brevedad. Escrituras de corta extensión aparecen en todos los tiempos. Ya Esopo hizo obras maestras de la narrativa en tan sólo unas líneas; obras que no sólo siguen vivas, sino que continúan siendo insuperables. Reunida la tradición popular y la erudita, en el S.xx, encontramos el relato breve en su expresión más concentrada: el microrrelato, una narración concisa, precisa y de una gran intensidad expresiva, ya que no es un resumen sino una «esencia».

25.2.11

Hiroshima, Truman, el libro que hubiéramos querido no tener que publicar

Ediciones Irreverentes quiere hacer un homenaje a quienes perecieron por la brutalidad humana en los dos actos criminales más importantes de la historia: Hiroshima y Nagasaki. Más de 200.000 muertos en el acto, más de medio millón de muertes lentas, causadas por el lanzamiento de las bombas atómicas norteamericanas, bien merecen una reflexión desde la literatura.
     Hiroshima sufrió el primer bombardeo atómico de la historia el 6 de agosto de 1945. La bomba fue lanzada por el bombardero estadounidense Enola Gay, bajo las órdenes del presidente Harry Truman, quien nunca pagó como criminal de guerra. Este acto bélico que pretendía la rendición rápida e incondicional de Japón a los EEUU, produjo la muerte instantánea de más 120.000 personas, en su casi totalidad civiles, y dejó heridas a más de 300.000, que en su mayoría presentaban variaciones y mutaciones genéticas debido a la radiación a la que fueron sometidos. El drama persiste hasta nuestros días en la población japonesa y en la conciencia norteamericana. Las vibraciones de aquel asesinato colectivo, siguen haciendo temblar a las personas que mantienen la dignidad.

     El 9 de agosto de 1945 lanzó sobre Nagasaki la segunda bomba atómica, más potente que la de Hiroshima, el bombardero yanqui Bockscar. Arrasó la mitad de la ciudad al caer a un costado del valle de Urakami. Más de 75.000 habitantes de Nagasaki (ciudad que tenía una población de 240.000) fueron asesinados y resultó herida casi la totalidad del resto de la población. Se incendiaron las estructuras de acero de los edificios de hormigón. Desaparecieron los árboles. Los cuerpos humanos quedaron instantáneamente calcinados, durante décadas los vivos iban sintiendo progresivas deformaciones y muriendo de cáncer. Ningún acto de guerra tan criminal como el perpetrado por los Estados Unidos de América y por su presidente Truman. A pesar de ello, hay mentes enfermas que defienden el uso de las bombas atómicas. Encabezados por los escritores uruguayos Jorge Majfud y Eduardo Galeano, un prestigioso grupo de escritores de España y América ha creado una selección de relatos que unen a su excelente calidad literaria la capacidad de mostrar la brutalidad humana para que llegue al lector de una forma nítida, de tal modo que ninguna publicidad imperialista pueda engañar al informado. Tras esta lectura no se podrá permanecer indiferente. Ediciones Irreverentes ha reunido escritores de España, Uruguay, Colombia, Chile y Honduras y ha seleccionado entre más de doscientos textos para ofrecer al lector los relatos aquí reunidos, testimonio de recuerdo eterno de los límites a los que el ser humano jamás deberá volver a llegar.


"Empezó en Portobello Road" premio Oscar Wilde de novela Breve

Empezó en Portobello Road, de Sara García Perate, ha resultado la novela ganadora del I Premio Oscar Wilde de Novela Breve, convocado por Ediciones Irreverentes. La autora madrileña, residente en Málaga, colabora habitualmente en medios de comunicación andaluces y ha participado en diversos talleres literarios. Empezó en Portobello Road será su primera novela publicada.

Los finalistas del Premio Oscar Wilde de Novela Breve han sido:
• La muerte de un tumbador, de Andrés Casanova y Giraldo Aice (Cuba)
• Entre la sombra y la luz, de Aurelia María Romero Coloma (España)
• Para siempre, de Harold Gastelú Palomino (Perú)
• Los jilgueros del capitalismo, de Daniel Barredo (España)

Ediciones Irreverentes ha recibido 228 novelas procedentes de 30 países en la convocatoria del I Premio Oscar Wilde de Novela Breve.